Gran Bretaña, entre 1815 y 1846, vivió una serie de leyes que limitaron la importación de cereales, las Corn Laws, donde se recreó la fuerza de los terratenientes por sobre los costos industriales.

“Las leyes del maíz fueron un tema muy polémico en la primera mitad del siglo XIX. En el contexto de una economía de posguerra en crisis, el Primer Ministro conservador Lord Liverpool aprobó las leyes del maíz en 1815. Estas leyes imponían aranceles a los cereales importados de otros países, como el trigo y el maíz, para favorecer la agricultura nacional. El precio del grano tenía que alcanzar los 80 chelines por cuarto, o niveles cercanos a los que provocaban hambruna, para que se permitieran las importaciones extranjeras”
La gran baja de precios debido a la importante cosecha de 1813 y la nueva baja consecutiva a la paz de marzo en 1814, y a modo de anticipo al debate (importación de trigo principalmente) en la cámara de los comunes, David Ricardo dará su aporte en uno de los folletos, entre otros tantos de aquel momento (Malthus, West), de los más relevantes “ensayo sobre la influencia de una baja del precio del cereal sobre las utilidades del capital” en 1815. Al mismo tiempo, con la batalla de Waterloo, en la cual marcamos el fin de la guerra con Francia y aún así, con el nuevo campo de lo real como excusa para bajar la ley, los aranceles se constituían y persistirían algo más de tres décadas.
Defensores | Oposición |
| Gran Bretaña debía mantener una economía equilibrada entre agricultura e industria y evitar la dependencia de los alimentos importados. | Los empresarios de la industria afirmaban que provocaban un incremento de los salarios de los trabajadores y presionaban al alza los precios de sus productos con la pérdida de competitividad exterior que esto suponía. |
En el marco de un pan caro, el trigo francés (sembrado en mejores tierras que las inglesas y sin mencionarlo por aquello de las ventajas absolutas, pero sí más barato su importación) es la amenaza al proyecto de los terratenientes en Inglaterra, donde la voluntad de este sector podía más que el proceso de industrialización.
Desanclar los precios internos de los externos vale en ambas direcciones, tanto para subir como para bajar el precio, le sirve a distintas realidades; útil al proyecto de un sector social o a la patria toda en su interés nacional, dónde enmarcamos la apropiación justa de la renta.

La oligarquía siempre es brutal con el pueblo; hay que ver la masacre de Peterloo.
” A finales del siglo XVIII y comienzos del siglo XIX, el sistema político británico era poco representativo, con una división de clases claramente marcada, donde solo los hombres poderosos, principalmente los terratenientes, tenían derecho a votar. Las clases trabajadoras, las clases medias y las mujeres no podían influir en el gobierno. Por ejemplo, en 1780, el electorado de Inglaterra y Gales estaba formado por 214.000 varones, menos del 3% de una población total estimada en ese momento en ocho millones “

No es lo mismo renta que alquiler. Se paga por el derecho a producir en tierras que existen en cantidades limitadas (cuantitativamente) y no presentan calidad uniforme (cualitativamente).
Nos ocupamos de renta, si ese plusvalor participa en la composición de valor, como un bien no producido, natural y escaso, que empuja el precio del suelo desde las tierras menos productivas sometidas al cultivo más difundido, partiendo de los niveles de productividad y su posterior rendimiento económico. Así como la oferta arrojada por el trabajo de la zona núcleo (tierra uniforme), si solventara eficientemente toda la demanda, no habría renta.
¡La Renta como tal no es mala!
Si no está ese marco, no es profundo. No se trata de tierras negras sino de renta, ésta, la magnitud derivada.
Su ordenamiento propositivo nos obliga a pensar cómo atrapar la misma para la patria. Por orden legítimo, el interés común de los argentinos desde él; marco histórico (modo de producción), natural (lo real) y no el anacronismo de un sector social injustamente beneficiado y desencontrado con la patria.
El fenómeno de la renta, donde el aporte de capital (el propietario del campo), el suelo en dólares, se lleva valor producto (cereal) por el arrendamiento. Configura, da forma a algo, la renta del suelo, como recurso no ganado, que es extraído de otras actividades.
Ricardo dictaría “El uso de las fuerzas originarias e indestructibles del suelo” Hay mucha precisión ahí, y va más allá de la amortización como lo más evidente (indestructible), la oligarquía hace uso de las fuerzas originarias que posibilitan la renta.
El fundamento de la riqueza sigue siendo el hombre en su acto: trabajo. Trabajo munido de ser, son las tierras negras en su implicancia. La fertilidad, que pone a la argentina según la FAO y su mapa global de tierras negras, dos lugares por encima de Ucrania, hoy, con su soberanía disputada, también la renta (por sus puertos o territorio).

Ese hecho injusto, la renta diferencial, que al extenderse las fronteras de producción (el uso de tierras menos productivas), y que a un mismo quantum de cereal, mayor esfuerzo (costos), y la diferencia de productividad dada (renta), se pagará en arrendamiento a favor del terrateniente con ventaja en el suelo y no su suelo.
Los límites de apropiación son capitalistas, su aporte es de capital, y buscar la rentabilidad en el precio del suelo y en su justa tasa de retribución como bien no amortizable, definiendo la retribución al factor tierra en el interés de una tasa en dólares. Es un beneficio más que conveniente, pero resisten desde una posición de privilegio, el hecho injusto y anacrónico, en la toma de este plusvalor.
“Si toda la tierra tuviese las mismas propiedades, si fuera ilimitada en cantidad y uniforme en calidad, no se pagaría nada por su uso, a menos que poseyera ventajas peculiares de situación.”
David Ricardo, Principios de economía política y tributación, cap. 2, p. 63

Donde más hace la naturaleza y menos el hombre, se precisa de un esfuerzo nacionalista para corregirse por el hecho colaborativo, contrario al proyecto oligárquico tan susceptible como el inglés o incluso hoy el Ucraniano (sin logística clara).
La Argentina lleva en este proceso, donde el marco internacional de los setentas del siglo pasado y a partir del interés chino sobre los commodities, su necesidad surgida a la planificación de este momento, allá (Rockefeller y Mao), encuentra su vinculación en el salto de producción en toneladas desde mediado de los noventas hasta hoy y como reflejo del modelo lanzado la certificación orgánica en el año 1995, se iniciaba la industrialización del campo (la gran escala y baja de costos), el monocultivo (la soja como el grano mas difundido que pone precio al suelo), y la optimización del flete (calado del rio Paraná), nos trajo renta.
Hoy, las productividades diferenciales entre la industria y lo rural, no permiten que la capacidad productiva industrial surja, sino es al cese de las diferencialidades.
El pan del pueblo no tiene que ser la mina de oro de la oligarquía y es con pan el proceso industrialista, así observamos el subóptimo de nuestra economía, desde donde construir todo el margen a completar de crecimiento.
Es una táctica acertada trabajar para una unidad de concepción en toda la cadena de valor a la que echa mano este sector privilegiado en el uso de la renta, desde el productor agropecuario hasta otros como la metalmecánica, agrícola o no, todos pierden competitividad ante la renta feudal.
La distribución de las diferentes remuneraciones de los distintos factores de producción en el contexto de una economía capitalista, con renta, que no es ganancia, lesiona al valor (las leyes que rigen la producción y el intercambio de mercancías).
Su distribución es de interés nacional y generoso su ofrecimiento al pueblo de la patria, incluyéndose a todos, en la apropiación de la renta, como recurso para el resultado. La renta como palanca a la industrialización es el hecho justo de pleno empleo Eso se construye en el pueblo, organizando pueblo, en el acompañamiento de una ley de arrendamiento que traiga justicia.
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